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La Cartuja de Sevilla nació del espíritu emprendedor de una familia inglesa enamorada de Andalucía en 1841. La fábrica del monasterio de La Cartuja llevó la Revolución Industrial a Sevilla. La calidad de sus vajillas y piezas decorativas de loza se debe por igual a las innovaciones de corte industrial importadas por su fundador como por las expertas manos de los artesanos sevillanos que las incorporaron rápidamente a su trabajo.

Mientras Charles Pickman, su fundador, estuvo al frente de la empresa, introdujo numerosas novedades en su fábrica, desde innovaciones técnicas en los hornos hasta diseños exóticos y a la moda de la época en las decoraciones de la loza. Las vajillas y objetos decorativos de la fábrica sevillana se ganaron rápidamente el reconocimiento internacional: En 1862 recibió la medalla de oro en la Exposición Universal de Londres y en París en 1878. Además de convertirse en proveedor oficial de la Casa Real en 1871.



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La fábrica ha empleado, con gran orgullo, a varias generaciones de artesanos sevillanos, a la vez que exportó, ya desde sus inicios a medio mundo, sus preciosas vajillas. La fórmula de la loza así como el proceso de fabricación apenas ha cambiado en casi dos siglos de historia. De la misma forma, algunos diseños que encontrarás aquí suman al menos 175 años y siguen manteniendo su encanto y actualidad.

Utilizar una vajilla de La Cartuja es poner en tu mesa un objeto artesano extraordinario, cargado de historia. Nuestras piezas son una invitación a disfrutar de un pequeño lujo cada día, de abrir tu hogar a momentos extraordinarios, que se comparten por varias generaciones.

“Muchos niños y adolescentes españoles vieron cómo en su casa se guardaba con primor una vajilla entera de La Cartuja; su uso era un espectáculo, si entendemos que todo lo extraordinario lo es. Ahora sigo cenando cada Nochebuena sobre una vajilla 202 color rosa. A la mañana siguiente, vuelvo a comer sobre ella. De paso, viajo a la niñez, que no es un tiempo, sino un país.” 

 


Anabel Vázquez

“La Cartuja ha estado en mi casa toda la vida, en casa de mis padres, por lo que la conozco desde siempre. En el día a día con mis niños, que son muy pequeños, intento ser un poco más práctica pero me niego a renunciar a comer en una buena vajilla.Es muy importante para mí que la comida esté bien servida y cocinada, así como guardar unas reglas en la mesa.”

Familia Rider Romero

“Cuando llegan las ocasiones especiales me gusta sacar la vajilla perfecta, junto con la cristalería y cubertería perfectas, todo bien puesto, el mantel bien planchado y estirado, blanco impoluto, poner el nombre a cada comensal… ¡Aunque luego llega mi hijo y lo desordena todo! Siempre he usado vajillas La Cartuja para ocasiones especiales, te dignifica la mesa.” 




Nieves Calvo

“En algunas ocasiones mezclamos vajillas, sobre todo cuando son cenas más íntimas que dan más juego a la hora de improvisar. Podemos coger un plato antiquísimo de mi abuela para poner el pan pero de repente hay tazas de café muy actuales con la idea de que resulte divertido con una cierta armonía”

Familia Serrano Hurtado

“Mi abuela usaba una vajilla de La Cartuja. Tenía piezas sueltas que, o bien habían sido un regalo, o bien habían sobrevivido a lo largo de los años. Ya de niña, mientras esperaba a que llegase la comida, me entretenía observando cada detalle de los intrincados dibujos que decoraban el plato.”

 

Yasmin S. Price.