Historia de La Cartuja de Sevilla

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La Cartuja de Sevilla nació del espíritu emprendedor de una familia inglesa enamorada de Andalucía en 1841. La fábrica del monasterio de La Cartuja llevó la Revolución Industrial a Sevilla. La calidad de sus vajillas y piezas decorativas de loza se debe por igual a las innovaciones de corte industrial importadas por su fundador como por las expertas manos de los artesanos sevillanos que las incorporaron rápidamente a su trabajo.

Mientras Charles Pickman, su fundador, estuvo al frente de la empresa, introdujo numerosas novedades en su fábrica, desde innovaciones técnicas en los hornos hasta diseños exóticos y a la moda de la época en las decoraciones de la loza. Las vajillas y objetos decorativos de la fábrica sevillana se ganaron rápidamente el reconocimiento internacional: En 1862 recibió la medalla de oro en la Exposición Universal de Londres y en París en 1878. Además de convertirse en proveedor oficial de la Casa Real en 1871.

Fundación en 1841

El fundador de La Cartuja de Sevilla, el Marqués Charles de Pickman, llega a Sevilla en 1841 con la idea de establecer una nueva fábrica de loza fina de la mayor calidad, para competir con el dominio de las marcas inglesas. Aprovechando la desamortización decretada por Mendizábal, adquiere el Monasterio Cartujo de Santa María de las Cuevas donde encuentra las condiciones idóneas para su propósito.

Desde la fundación de la fábrica en 1841, Charles “Carlos” Pickman estableció métodos novedosos como la importación de materias primas, el empleo de moldes, el uso de maquinaria especializada como los brazos mecánicos y las prensas, el trabajo de especialistas ingleses y toda la experiencia ceramista del fundador que supuso el éxito inicial de la fábrica. El negocio resultó floreciente llegando a convertir la fábrica de Sevilla en una de las más conocidas de Europa y consiguiendo comerciar con los países hispanoamericanos.

Siglo XIX y principios del sXX

La segunda mitad del siglo XIX es de gran esplendor para La Cartuja de Sevilla que recibe numerosos premios de primera clase y medallas de oro en exposiciones internacionales: París (1856, 1867 y 1878), Londres (1862), Oporto (1865), Viena (1872), Sevilla (1858, 1929 y 1949), Barcelona (1888), Bayona (1864), Filadelfia (1876), etc.

Un hito importante en cuanto a reconocimiento de la calidad de los productos elaborados por la fábrica se produce en el año 1871 cuando La Cartuja de Sevilla es nombrada Proveedora de la Casa Real de España por Amadeo I de Saboya, quien concede posteriormente el título de Marqués de Pickman al fundador de la fábrica por su destacada aportación a los procedimientos industriales. Charles Pickman también es distinguido con su admisión en la Nobilísima Orden de la Jarretera británica, que se usa como marca en algunos de los modelos de la firma.

Además de la Casa Real Española, La Cartuja ha estado presente en otras casas reales europeas. Entre ellas podemos destacar que Isabel de Baviera, Emperatriz de Austria y Reina de Hungría, más conocida por todos como Sissi, era una de las habituales en adquirir artículos de la fábrica sevillana.

Actualidad

La fábrica ha empleado, con gran orgullo, a varias generaciones de artesanos sevillanos, a la vez que exportó, ya desde sus inicios a medio mundo, sus preciosas vajillas. La fórmula de la loza así como el proceso de fabricación apenas ha cambiado en casi dos siglos de historia. De la misma forma, algunos diseños que encontrarás aquí suman al menos 175 años y siguen manteniendo su encanto y actualidad.

Utilizar una vajilla de La Cartuja es poner en tu mesa un objeto artesano extraordinario, cargado de historia. Nuestras piezas son una invitación a disfrutar de un pequeño lujo cada día, de abrir tu hogar a momentos extraordinarios, que se comparten por varias generaciones.

Anabel Vázquez

“Muchos niños y adolescentes españoles vieron cómo en su casa se guardaba con primor una vajilla entera de La Cartuja; su uso era un espectáculo, si entendemos que todo lo extraordinario lo es. Ahora sigo cenando cada Nochebuena sobre una vajilla 202 color rosa. A la mañana siguiente, vuelvo a comer sobre ella. De paso, viajo a la niñez, que no es un tiempo, sino un país.” 

Familia Rider Romero

“La Cartuja ha estado en mi casa toda la vida, en casa de mis padres, por lo que la conozco desde siempre. En el día a día con mis niños, que son muy pequeños, intento ser un poco más práctica pero me niego a renunciar a comer en una buena vajilla. Es muy importante para mí que la comida esté bien servida y cocinada, así como guardar unas reglas en la mesa.”

Yasmin S. Price. 

“Mi abuela usaba una vajilla de La Cartuja. Tenía piezas sueltas que, o bien habían sido un regalo, o bien habían sobrevivido a lo largo de los años. Ya de niña, mientras esperaba a que llegase la comida, me entretenía observando cada detalle de los intrincados dibujos que decoraban el plato.”

Nieves Calvo

“Cuando llegan las ocasiones especiales me gusta sacar la vajilla perfecta, junto con la cristalería y cubertería perfectas, todo bien puesto, el mantel bien planchado y estirado, blanco impoluto, poner el nombre a cada comensal… ¡Aunque luego llega mi hijo y lo desordena todo! Siempre he usado vajillas La Cartuja para ocasiones especiales, te dignifica la mesa.” 

 

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